19 may. 2009

CIRCO-LOMBIA



No se entiende muy bien por qué la gente se aburre de Colombia si es un paraíso delicioso, se come bueno y, además, tiene el circo más divertido que haya puesto carpa en el mundo. Un circo con personajes de naturales talentos histriónicos, payasos de las mejores universidades, profesionales en el equilibrio de la cuerda floja, cachorros sincronizados (que hasta hablan como su amo) y magos que de la nada logran estupendas apariciones.

Hoy, por ejemplo, unos magos van a realizar un acto espléndido que vi hace 5 años, pero que pago silla para volver a repetirlo. Como ya me sé el final prefiero advertir a los espectadores: puede que el show se alargue hasta la madrugada. Pero llegará a buen término, eso se los juro. En el Capitolio se dará lugar el esplendoroso espectáculo de ver cómo aparecen más uribistas de los que había, prebendas hipnóticas harán que unos participantes cambien su voto, algunos se convertirán en sapos, otros en camaleones y aparecerán víboras serpenteando desesperadas por el auditorio. Pero de allí -así de estupendo es el arte del birlibirloque- surgirá un nuevo horizonte para nuestra democracia: se habrá aprobado un referendo para inmortalizar a nuestro presidente. ¡Qué dicha!

La semana pasada, no pregunten cómo, los medios de comunicación le creyeron a RCN. ¡A RCN! Yo creí que eso jamás sucedería. Pero sucedió por una razón aún más sorprendente: El noticiero del canal se había ido lanza en ristre contra miembros del Gobierno al que tanto consintió y mimó durante años. RCN denunciando escándalos era un acto jamás visto. Y aunque todo iba muy bien algo sucedió, erró en un movimiento y entonces tuvo que salir diciendo que no dijo lo que dijo y que lo que dijo fue porque alguien se lo dijo. Como en la magia: era o parecía que era, pero en realidad no era. Adiós a otra embajada en Argentina.

Pero hay más de nuestro orgulloso circo…

Ayer me deleité con lo más cómico que he escuchado en épocas. Dos comediantes sostenían una discusión aireada en una comunicación telefónica: una era Vicky Dávila y el otro era José Obdulio Gaviria (JOG). ¡Baldados de agua iban y venían! Yo no sabía si me alegraba más escuchar a Vicky ridiculizada ante la verborrea punzante y cundida de ese vocabulario rebuscado que sólo JOG y Cleóbulo Sabogal entienden, o a JOG tendido contra las cuerdas (accidentalmente porque contestó el teléfono creyendo que la llamada era de otro medio) y regañado por la pequeña Vicky que se crispó y ya no pudo conducir la entrevista, sino defender su fuero de periodista y su dignidad de mujer. ¡Y qué mujer!, porque bien bella sí está la pequeña Vicky. Fue para morirse de risa: JOG defendiendo su honra (como si le quedara alguna todavía). Click aquí y juáguense de la risa.

Ese espectáculo sólo fue comparable con la discusión en el Congreso la semana pasada en el que se tiraban de los pelos senadores y ministros para atacar y defender los negocios de dos niños (¡tan grande yo, pues!), porque en los circos hay lugar para todo, cabe todo, menos cosas serias y productivas. Un circo no se va dar el lujo de aburrir al público con la ley de Víctimas o debatiendo seriamente si la Constitución debe ser o no el cuaderno de apuntes del presidente Uribe que modifica a antojo y capricho. O si hay que permitir la liberación de los secuestrados, como si un circo fuera llamativo sin exóticos animales cautivos.

Y la gente dice hastiarse del país: critica que hayan muchas muertes (por causas naturales, virales, violentas y extrajudiciales), se hierven solitos en los trancones a causa de la movilidad en vez de relajarse oyendo un noticiero radial (como yo, desde hoy adicto a La Fm) y abandonan el país con el cuento de que no hay plata. Esas son cosas superficiales, hombre. Olvidan la importancia del factor “risa”. Si perdemos nuestra idiosincrasia tan humana, tan divertida, no habrá cómo diferenciarnos de los bolivianos o de los venezolanos, igual o más jodidos, pero con semblantes aburridos.

Felizmente habrá función para rato. Por lo menos hasta noviembre tendremos el gusto de ver el acto circense de más tensión, el que más nos pone los pelos de punta: aspirantes de trusa uribista montados en un monociclo sobre una cuerda colgante, unos con otros atropellándose, avanzando y reculando, hasta que la soga esté lo suficientemente firme como para lograr llegar al otro lado con vida. Si antes el dueño del circo no les ha pasado por encima.

¡Vamos, alégrense carajo! Ni el difunto Bebé, ni los de Pequín ni los Gasca hubieran hecho un circo más animado en esta patria bonita. ¡Que viva el circo! ¡Paaam-pam-para-ra-raaa Ram-pam-paraaa Rampam-para Rampam-para Raaaammm!