18 mar 2009

¿OTAN PARA SURAMÉRICA?


El Consejo de Defensa Suramericano es sin duda otro precioso gol que anota el brasilero Lula Da Silva. Lo que hay que ver es si esa anotación fue para un simple partido amistoso, o para poner a clasificar al equipo.

Digo que es un gol porque con éste se posiciona, aún más, ya no solo como el jefe de una de las potencias económicas del mundo, sino también como una pieza fundamental en los análisis que hace la ONU permanentemente sobre la región. Su preponderancia e importancia la manifestó el mismo presidente Obama, quien le pidió que lo llamara Barack, así, con confianza, como cuando Bush le decía a Uribe: “amigouuu”.

La propuesta de crear un Consejo de estas magnitudes en esta parte del continente es un privilegio que sólo se podía dar Lula dadas sus circunstancias de “gran hermano” (como atinadamente lo han venido calificando). Y la idea, hay que reconocer, es muy buena. Pero también puede convertirse en una institución inservible e inane donde sus miembros se reúnan anualmente únicamente para decir babosadas. Cumbres, como ya hay varias, que de efectos prácticos no tienen nada.

Lo que se requiere en un clima tan feroz, como el que viven nuestras fronteras, es promover algo más contundente. ¿Qué pasaría -me pregunto y les pregunto yo-, si pusiéramos a funcionar algo que podría considerarse como una suerte de OTAN suramericana? Esto es -palabras más, palabras menos-: crear un ejército conjunto. A mi juicio podría llegar a ser lo más conveniente, pero bienvenidas las objeciones. Un ejército permanente, con capacidad y autoridad de atravesar, por ejemplo, de Colombia a Ecuador, o de Colombia a Venezuela, aseguraría que las fronteras no se convirtieran en hervideros y, sobre todo, en santuarios terroristas. Sin mencionar los muchos beneficios que traería para combatir ese veneno que nos cunde que se llama narcotráfico.

La cabeza de generales ya está: son justamente ese Consejo de Defensa Suramericano conformado por los ministros de defensa de los doce países, al que habría que sumarle los generales de las fuerzas militares. Y cuyo comando militar ya no estaría en Bélgica (como pasa con la OTAN), sino en Brasil, nuestro pariente neutro. Si coincidimos que el objetivo común es atacar los delincuentes que toman ventajas en las fronteras (y dadas la falta de diligencia de algunos gobiernos para hacerlo) no habría excusa para no aceptar este nuevo ejército.

Dirán entonces que no hay plata para conformar otra guardia fronteriza. Pues yo sí creo que haya. En los últimos 5 años el presupuesto en defensa de América Latina y el Caribe aumentó la pendejadita del 91 por ciento. Plata hay para la defensa y la ha habido siempre, haya o no haya crisis. Lo que sí habría que hacer es destinar parte del desembolso en defensa local, para la conformación de esta defensa internacional. Por carambola se está combatiendo al mismo enemigo interno.

Eso sugeriría entonces que no habría que recurrir a operaciones ‘Fénix’ como en la que se abatió a Raúl Reyes en Ecuador, porque: en primer lugar, ese guerrillero no podría estar en una frontera que patrulla este ‘Ejército Suramericano’; y segundo, porque en caso de encontrarse allí sería esa misma fuerza internacional la que se encargaría de ejecutar la operación coordinada, en este caso, por el Ejército colombiano.

Dos pájaros de un solo tiro: se limpia de impunidad las fronteras y se cuenta con una Suramérica más unida en caso de que algún otro gobierno, por fuera de la región, decidiera atacar a uno de los países miembros del Consejo. Una gran cancillería de la Defensa.

Quiero pensar que no son solo globos de utopías, sino reflexionar qué pasaría. Evaluar las salidas posibles en vista de que la diplomacia ha resultado infructuosa para que nos colaboren con desarmar el terrorismo y el narcotráfico. ¿Será apostar a mucho? ¿Qué tan abiertos a una propuesta como esta estarían los presidentes Chávez y Correa? Eh ahí el embrollo del asunto, porque son sus fronteras, no las de Perú, Brasil y Panamá, las que nos causan tantos problemas.

Claro, antes necesitaríamos nosotros tener una cancillería sólida, un ministerio de Defensa serio -¡y prudente!-, liderazgo, madurez y dignidad, ésta última que sólo conoce (quién lo iba a decir) el vicepresidente Pacho Santos.

Habrá que esperar y seguir buscando fórmulas. Abusando del lugar común hay que decir que, mientras tanto, nos tocará seguir viendo a Brasil: el único al que se le ve jugar bien, con carácter, seriedad, y con su seductor “jogo bonito”.

Paraguas:
Ya estaba lista esta nota antes de recibir atónito la noticia de que el nuevo Procurador (justo título para este fanático pro-Curas) resolvió absolver al ministro de Protección Social y al embajador Sabas Pretelt en el caso de la Yidispolítica. Volveré a abrir este paraguas en otra oportunidad, si es que el diluvio de escándalos semanales lo permite. Solo una puntica: ¿si estaba tan convencido de la inocencia de sus acciones, porque el solapado Gobierno le ofreció 1.700 millones de pesos a Yidis para que no publicara el libro en el que relataría al detalle cómo se fraguó el cohecho? Porque cohecho sí hubo, si no ¿por qué a Yidis y Teodolindo los metieron a la cárcel?

11 mar 2009

ESE RECUERDO QUE CASI SE VARA EN EL OLVIDO


En algún lugar de esa madeja ineficiente en que día a día se convierte mi memoria, tenía una imagen, una historia, que hoy más que nunca es pertinente compartir. Paso a contar. Una tarde de abril del año pasado, cuando me dirigía hacia el norte de Bogotá, se subió al bus un personaje de apariencia campesina: sombrero costeño, pantalón remendado y un morral en el que guardaba los últimos despojos que le quedaban de un precipitado destierro. Hasta ahí era la familiar y siempre triste imagen del desplazamiento.

De la primera parte de su relato no recuerdo mayores detalles. Grosso modo: que iba en una flota por el trayecto de alguna carretera nacional cuando fue abordado junto con su familia por un frente guerrillero. Pero que desde ese día llevaba una dramática tragedia escondida bajo sus pantalones. Dicho eso me espabiló de inmediato sin dar espacio a la sonroja: se desapuntó el cinturón, descendió su bragueta y ya con los pantalones escurridos mostró que su testimonio no era un cuento inventado para pedir dinero en el transporte urbano. Ese grupo guerrillero, que hoy constato era el frente 47 de las Farc, le había quitado sus órganos genitales a este señor que, paradójicamente, tenía muy bien puestas las huevas como para atreverse a exponernos su desgracia.

Neuronas oportunas grabaron un nombre de ese relato que contó este hombre hace ya casi un año: “Karina”. Como historias crueles pasan en el país todos los días, no había atado los cabos que ahora vienen al caso. Esa ‘Karina’ es la misma que saldrá libre en contados días con ese mote escandaloso y descarado que han optado acuñarle: “gestora de paz”. La misma ‘Karina’ que mencionó aquél campesino que se desnudó frente a los pasajeros, cuyo nombre es Miguel Antonio Páez.

La declaración del abogado Julio Gómez, defensor de Páez, fue la que terminó de completar este vago recuerdo que tenía y enseñarme el nombre de esta víctima. Páez quedó emasculado (‘capado’) y su esposa lisiada de una extremidad, por disparos propinados por la reconvertida ‘Karina’. Desde aquél brutal suceso ocurrido el 10 de mayo del 2000, ni Páez ni su esposa ni sus hijos han podido regresar a su parcela en Necoclí. Como sí lo podrá hacer su victimaria, gala a su infatigable trabajo como “gestora de paz” de esta patria adolorida.

El caso ‘Saldaña’

Había esbozado en una nota anterior mis reservas con el caso de ‘Olivo Saldaña’. Este guerrillero pasó más de 4 años en prisión, mientras que Karina’ completó apenas 10 meses. En delitos no se pueden hacer comparaciones -o preferiría evitarlas al menos-. ‘Saldaña’ también afronta procesos por secuestro extorsivo, homicidios y tomas a poblaciones, pero hizo algo que ‘Karina’ no ha hecho: pedir perdón a sus víctimas, algo apenas elemental y humano para alguien que dice buscar una reconciliación con la sociedad a la que tanto daño le hizo.

Critico mucho que ‘Olivo’ haya sido ficha de mostrar del Gobierno, prestándose para desmovilizaciones ficticias como el bochornoso suceso del Bloque Cacica ‘La Gaitana’. No se puede aceptar que de manera ilegal se ayude al gobierno (de ninguna manera) porque eso sería como legitimar el fenómeno del paramilitarismo.

Repito, tengo mis reservas. Pero por lo menos éste sujeto estuvo de cárcel en cárcel (a través de mensajeros) convenciendo a más de 1.000 guerrilleros para que abandonaran sus vínculos con la organización terrorista, para quitarle adeptos a ese movimiento en caso de un eventual canje. No es un hombre de aplaudir, incluso puede que sea de desconfiar, pero hizo algo productivo para el país aun echándose de enemigo al pleno del Secretariado de las Farc (cuando todavía sus miembros estaban vivos). ¿En cambio ‘Karina’…? Juzguen ustedes.

Paraguas: No entiendo porqué esta ex guerrillera, presunta responsable del asesinato del padre del presiente Uribe, tendrá mejor destino que los paramilitares que están hoy en celdas de Estados Unidos de dos metros. Me tiene desconcertado, Presidente. Lo reconozco. ¿Usted que tiene mil maromas para inventar extradiciones?

4 mar 2009

EL JABÓN EN LAS MANOS


Queridos amigos uribistas, discúlpenme que haga de abogado del diablo. Otra vez. Nuestro presidente –sobre todo de ustedes que votaron por él- está perdiendo el control de la situación y ya no tiene el sartén por el mango como se decía lo tenía antes. Es muy cuestionable que esté tan deteriorada su gobernabilidad estando ya en su segundo periodo.

Los recientes sucesos de las interceptaciones ilegales del DAS, para favorecer quién sabe a quién; las salidas en falso de su ministro estrella, Juan Manuel Santos; las rectificaciones que tiene que hacer a sus demás funcionarios; la ineptitud del Comisionado de Paz; la cúpula militar solicitando consejos de seguridad extraordinarios; miembros del Ejército promoviendo falsos positivos; el negocio de las pirámides que no se detuvo a tiempo; las crisis diplomáticas; el fracaso de la política antidrogas (porque cada vez hay más coca) y un Parlamento andando a media marcha, y mal; sugieren que el Gobierno está cundido de ruedas sueltas que en seis años no se han podido engranar.

Oigo a muchas personas (y mi madre la primera) diciendo que el pobre Uribe qué culpa tiene si “le resultan tan malos, inútiles y corruptos” sus empleados. “Madrecita –trato de explicarle siempre-, la tiene toda. Fue él quien los eligió, no fue otro”. Entonces que no vengan a decir “qué culpa tiene él”, pues la función de un Presidente –y de cualquier gerente de empresa- es poner a funcionar a sus empleados y asumir las responsabilidades de sus fracasos y desagravios. No se puede lavar las manos con el cuento simplista de que “le resultaron malos”. Inaceptable, por decir lo menos.

Como sucede con el jabón que se resbala, se sale de control, rueda por el suelo y si no se presta atención se termina en una destutanada la tenaz, así están en las manos del presidente Uribe los funcionarios más trascendentales para el país. Insisto: después de 6 años.

Para ilustrar cómo es de evidente la pérdida de poder de maniobra del Presidente basta ver su famosa coalición uribista (fundamental para materializar su proyecto de gobierno). Está pegada con babas y lo estará menos cuando el doctor Uribe diga que no le apuesta a una segunda reelección. En otras palabras: se le saldrán de las manos.

Salvo el sentimiento generalizado de sentirnos más seguros (¿vigilados?), su gabinete ministerial y el pleno de congresistas, no lograron convencernos de un verdadero proyecto de país que nos conduzca hacia el progreso económico y social de manera sostenible. Claro: ya podemos viajar, pero si no hay vías en buen estado para qué nos invitan a vivir Colombia y viajar por ella. Claro: aumentó la inversión extranjera, pero si no tiene incidencia real en los sectores populares y beneficia únicamente a los más pudientes, pues no sirve de nada. Eso, amigos uribistas, es falta de gerencia.

La anhelada paz tampoco se concretó. Darle duro a la guerrilla no es construir la paz, señores y señoras gobiernistas, es agitar la guerra si, además del plomo, no se abren caminos para por lo menos sacar los secuestrados de la selva. No se puede gobernar con las tripas. Y la figura del Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, que debería ser completamente neutral –pero dinámica- terminó politizada e inservible. A éste sí que se le salió el jabón de las manos.

Entonces, luego de 6 años con el gerente Uribe, hay que empezar a hacer la diferencia que Popularidad no significa Gobernabilidad. La primera da votos, la segunda resultados. Discúlpenme si después de 2.400 días demando un poco más de resultados y menos palabrería.


Paraguas: ¿Será Juan Manuel Santos quien ponga de acuerdo por primera vez a Chávez, Obama y Correa?

24 feb 2009

Lo que se viene… es peor


Nada me sorprende, me sorprende nada. Empiezo a entrar en una nueva filosofía. Resolví, recientemente, salir del Pesimismo-Optimista en el que me encontraba y con el cual menguaba los hechos de la realidad indignante y descarada. “Nada puede ser peor”, me decía antes. Pero ya no. Nunca más.

Ahora me siento liberado y ya no apuesto a esperanza de ningún tipo. Salgo de ese Pesimismo-Optimista que consideraba cada mal como el peor y entro, progresivamente, en el Otimismo-Pesimista basado en los preceptos de Morphy de que todo aquello que piense es un desastre nacional, es apenas una boqueada de una terrible vomitada. Créanme: si apuestan a que siempre habrá un hecho peor que aquel que nos despierta semanalmente, acertarán siempre.

Por poner un ejemplo: El Jota de hoy (me pongo en tercera persona porque esta filosofía no descarta que el mismo Jota sea incluso peor mañana) ya sabía que las “chuzadas” del 2007 no iban a ser la cumbre del escándalo de la interceptación ilegal. Para nada. Realmente suponía que la misma práctica que hacía entonces la Policía (y que se llevó una docena de generales por encima) era seguramente la misma que practicaba el DAS, sólo que todavía no lo sabíamos, como nos dimos cuenta esta semana. No fallé.

Y no fallaré tampoco si digo que, a pesar de que este “grabe” es aún más grave porque incluye magistrados de sobrada importancia, no habrá ni una pírrica responsabilidad endilgada al Gobierno que es experto en capotear estos escándalos. Lo más indignante, lo más precario y bajo, jamás será suficiente. “Con esta vaina Uribe sí se cae”, se decía cada vez el Jota de antes. El de hoy ya no. Por el contrario, el neófito en la filosofía del desastre se resignó a la idea de que no hay poder humano que tumbe a este señor.

Como pasa con Chávez. Nada, ni nunca ni nadie, lo bajarán del poder. Su testaruda ambición de ir contra la voluntad general –que creo no es solo la de los venezolanos- hace abandonar cualquier esperanza de un prematuro cambio. En tal caso: amigos venezolanos, por lo menos ustedes tendrán el mismo mamarracho. Acá todavía no sabemos. Y lo que es peor: podemos levantarnos un día viendo cómo le colocan la banda presidencial al ministro Juan Manuel Santos. Siempre hay un mal peor, como verán. Nada me sorprende, me sorprende nada.

11 feb 2009

¡Ojo con Uribito!


A riesgo de aumentar su popularidad (porque así pasa con los uribistas que entre más palo les den más suben en las encuestas), voy a referirme al saliente ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, ahora que se lanzó como el primer toro (¿o torito?) al ruedo, como el primer pato (¿o patito?) que se lanza al agua. “Quiero ser Presidente”, anunció Uribito.

Me preocupa sobremanera que llegue a convertirse en realidad el sueño de Uribito (que puede ser también el de Uribe), porque no me quiero imaginar lo que será soportar otros 8 años más (¿o 12 o 16?) a los colombianos hablando con diminutivos de esas “carnitas jovencitas” en esos “huesitos jovencitos”. Porque si su predecesor despertaba comentarios alagueños, ahora sí se van a derretir las señoras uribistas con este pimpolluelo. ¡Y qué mamera!

Hasta hace un tiempo creía que Urbito no tenía ni la menor posibilidad de llegar a la Presidencia. Hoy pienso lo contrario. Tiene muchas. Visto como está tentativamente el abanico de precandidatos para la consulta interna del Partido Conservador (si es que aún existe), Andrés Felipe es a quien veo con más posibilidades de ganar.

El ex Ministro no sólo cuenta con el guiño y empujón del presidente Uribe, sino que muchos miembros vienen buscando un rostro joven que refresque esa imagen anquilosada y vetusta que ha venido tomando ese Partido. Como “supuestamente” intentaron hacer con el hijo de Álvaro Leyva Durán lanzándolo como candidato a la Alcaldía de Bogotá (era el de TransMilenio a $1.000 pesos).

No leo el futuro como el psíquico Armando Marti, pero casi podría apostar –para mi desventura- que Uribito saldrá victorioso de esa consulta interna. Claro, otra cosa será en las elecciones nacionales, pero los sondeos día tras días lo muestran en ascenso, aún más, incluso, que candidatos uribistas que lo doblarían en materia de experiencia.

Lo que no me gusta de Uribito

Yo no discuto para nada su excelente hoja de vida, ni mucho menos su edad. Ser joven no es un pecado ni aquí ni en ningún lado. Son más bien esos sentimientos de madurez prematura y superioridad inmaculada que intenta transmitir, los que me hacen desconfiar de su gestión en caso de ser gobernante. Porque será un prepotente a la hora de escuchar las demandas sociales de la gente y su famoso coeficiente intelectual lo llevará a creer que trata con un pueblo ignorante, al que no tiene porqué consultarle.

Uribito es ambicioso (como todos los niños consentidos) y sus ganas de ser grande lo hacen parecer a veces como los adolescentes que dicen estar suficientemente grandes para “frentear” la vida, porque ya tienen catorce. Y se equivoca Andrés Felipe. Porque gobernar no es administrar la propia vida, sino la de muchos millones. Su otro defecto, quizás más marcado, es que tiene la temperatura tan caliente como Uribe (por eso ambos toman gotas homeopáticas) y en varias ocasiones ha dejado ver que esa temperamental personalidad reduce las posibilidades de un debate.

Cuando salía en defensa como guardia pretoriana del presidente Uribe descalificaba a los opositores con calificativos personales y no con sendos argumentos como uno esperaría de un político que quiere ser gobernante. Lo hizo con miembros del Polo (ese partido que antes significaba una verdadera alternativa hasta que decidieron elegir al doctor Ordoñez como Procurador), también se fue directo a la yugular de la ex ministra Cecilia López y creyó estar por encima de todos aquellos que alertaron la barbaridad que iba a cometer su cartera en el caso Carimagua.

Eso, en resumen, permite vislumbrar que Uribito en la Casa de Nariño será tan intolerante con la oposición y con la prensa, como dio ejemplares muestras su antecesor (si es que en efecto decide dejarle libre la plaza). Y ni qué hablar de la posibilidad de un Acuerdo Humanitario, cuando en las primeras declaraciones sobre el tema asegura que para negociar no despejará “ni un milímetro” de territorio para “esos bandidos” porque, como buen soldado que fue, cree que todos los conflictos se resuelven “a bala”.

Amanecerá y veremos, decía el ciego, amanecerá y veremos si es que nos toca repetir más de esta sopa por cuenta de esta copia rencauchada.

4 feb 2009

EXTRA: Farc y Gobierno llegan a un acuerdo



La idea la venían contemplando desde hace algunos años de manera silenciosa e independiente (la guerrilla en la selva y el Ejecutivo en Palacio) pero todo indica que, finalmente, limaron asperezas y tomaron la decisión en común acuerdo. “Jodamos a los periodistas que nos hacen daño”, parece que dijeron.

El pacto fija una cláusula precisa apropiándose de un dicho viejo que usó Jesucristo: “quien no esté conmigo, está contra mí”. Sin asteriscos, ni pies de página, ni consideración del medio en que trabaje, salvo que el comunicador no genere mucha opinión y su “silenciamiento” resulte innecesario. Sobre todo cuando se busca optimizar las fuerzas.

La información se confirmó a través del soldado William Giovanny Domínguez, liberado el domingo por las Farc, quien trajo el recado de los guerrilleros: “si los periodistas siguen hablando mal del grupo guerrillero los vamos a secuestrar o les vamos a poner bombas”. Eso, en escuetas cifras, significa que casi la totalidad de los periodistas colombianos y extranjeros (no hay distinción de nacionalidad o género) están en latente riesgo. Digo “casi todos” porque hay unos pocos comunicadores en Anncol que por pedido expreso de la misma guerrilla gozarán de inmunidad. El resto –creo- estamos en desacuerdo con las Farc y especialmente con sus métodos.

El Gobierno, por su parte, continuará con los hostigamientos clandestinos, con las interceptaciones telefónicas, las amenazas anónimas y las descalificaciones personales (estas sí pueden ser en privado o en público) si no contra el periodista, se trasladarán a sus familiares y amigos.

Está todo dicho, como sucede en todo conflicto (aunque se insista que acá eso no existe), la primera baja es la verdad y los periodistas somos el objetivo. Ni Gobierno ni guerrilla quieren periodistas, lo que necesitan son voceros.

PD:

-1- Felicito al comité de organizadores de la marcha del 4 de febrero por su aniversario. Sé de miembros de su organización que han tenido que soportar macabras amenazas, al punto de tener que optar por el exilio. Mi solidaridad para que su manera democrática de obrar con convicción no llegue a ser silenciada por la intimidación.

-2- El testimonio del ex gobernador Alan Jara aún me tiene boquiabierto: su lucidez mental, su precisión, su apasionante relato cundido de anécdotas, su humor que colorea los hechos más dramáticos y oscuros, su voluntad, su sencillez, su tarea en la selva, su reflexión profunda… todo. ¡Qué tipazo y sea muy bienvenido!

28 ene 2009

Cuando un secuestrado sale libre…


Uno no sabe qué es peor, si estar secuestrado, o dejar de estarlo. Está próximo a salir otro grupo de secuestrados (confiamos que el domingo), de los inhumanos y precarios campos de concentración que aún mantienen en la selva la guerrilla. Y desde ya me empiezo a preocupar por la suerte que puedan correr esos 6 hombres.

No propiamente porque vaya a ser una operación malograda (aunque uno nunca sabe), sino porque me temo que con esos hombres se va a repetir la misma historia que han vivido aquellos que después de mucho tiempo abrazaron la libertad.

La escena ya nos la sabemos: una recepción eufórica en el aeropuerto, una mano tendida por el Presidente que eleva inmediatamente el opinómetro de su arrogante popularidad, unos teatrales noticieros sensibleros y hambrientos por rasguñar alguna ‘chiva’, y una marcha solidaria por las calles. Todo eso tan humano, tan bueno y tan sincero, como preámbulo para, finalmente, dar el más preciado regalo que sabemos dar los colombianos luego del folclor del momento: una patada en el trasero.

Tenemos encoñada esa manía vergonzosa de ser humanitarios de momento, de cambiar nuestros sentimientos tan fácil como se cambia uno de calzoncillos, y amamos a los secuestrados un día y al siguiente, cuando la intimidad de la selva empieza a ser revelada, los odiamos, los sometemos a las mordaces lenguas de la farándula política y los sentamos en el banquillo de nuestros perversos prejuicios.

La suerte la corrieron Pinchao, de quien decían (decíamos) que era un títere del gobierno; el gracias a Dios hoy Ex – canciller, Fernando Araujo, a quien tildaron (tildamos) de ser un hombre muy bueno pero también muy torpe; Luis Eladio Pérez por salir de la selva como todo un antiuribista, Géchem por salir no tan masacrado como pensábamos y llegar como el más ambicioso y desconsiderado, pelando el cobre ante la pobre Lucy que lo esperó con estoicismo; cayó también en la picota Clara Rojas porque dizque estaba medio loca y se dejó llevar por la carne (que es la misma aquí, allá o acullá, y siente igual tanto en la selva como en el cemento); juicio a Lizcano por impulsar un estímulo para el guerrillero que le puso fin a su secuestro; y diatribas varias contra Íngrid Betancourt por no aprovechar al máximo su poder mediático para sacar al resto y, por el contrario, quedarse esperado un Nobel que no le es merecido.

Y no entiendo por qué ese giro sintomático. Si es que ellos no son dioses, ni héroes ni titanes, son simplemente hombres y mujeres de carne y hueso que se hicieron famosos por el infortunado destino. Entonces no les pidamos nada, por favor, no todos tienen que salir con la bandera de la paz. Respetémosle su intimidad y dejemos que hagan con su vida lo que a bien quieran, mientras nosotros hacemos con la nuestra –ya que no estamos privados de la libertad- una aventura más amena. Eso sí, todos los que salgan se merecen un aplauso del mundo y especialmente de los colombianos.

Que sea pronto que salgan todos. Crucemos las manos, mas no los brazos.