24 feb 2009

Lo que se viene… es peor


Nada me sorprende, me sorprende nada. Empiezo a entrar en una nueva filosofía. Resolví, recientemente, salir del Pesimismo-Optimista en el que me encontraba y con el cual menguaba los hechos de la realidad indignante y descarada. “Nada puede ser peor”, me decía antes. Pero ya no. Nunca más.

Ahora me siento liberado y ya no apuesto a esperanza de ningún tipo. Salgo de ese Pesimismo-Optimista que consideraba cada mal como el peor y entro, progresivamente, en el Otimismo-Pesimista basado en los preceptos de Morphy de que todo aquello que piense es un desastre nacional, es apenas una boqueada de una terrible vomitada. Créanme: si apuestan a que siempre habrá un hecho peor que aquel que nos despierta semanalmente, acertarán siempre.

Por poner un ejemplo: El Jota de hoy (me pongo en tercera persona porque esta filosofía no descarta que el mismo Jota sea incluso peor mañana) ya sabía que las “chuzadas” del 2007 no iban a ser la cumbre del escándalo de la interceptación ilegal. Para nada. Realmente suponía que la misma práctica que hacía entonces la Policía (y que se llevó una docena de generales por encima) era seguramente la misma que practicaba el DAS, sólo que todavía no lo sabíamos, como nos dimos cuenta esta semana. No fallé.

Y no fallaré tampoco si digo que, a pesar de que este “grabe” es aún más grave porque incluye magistrados de sobrada importancia, no habrá ni una pírrica responsabilidad endilgada al Gobierno que es experto en capotear estos escándalos. Lo más indignante, lo más precario y bajo, jamás será suficiente. “Con esta vaina Uribe sí se cae”, se decía cada vez el Jota de antes. El de hoy ya no. Por el contrario, el neófito en la filosofía del desastre se resignó a la idea de que no hay poder humano que tumbe a este señor.

Como pasa con Chávez. Nada, ni nunca ni nadie, lo bajarán del poder. Su testaruda ambición de ir contra la voluntad general –que creo no es solo la de los venezolanos- hace abandonar cualquier esperanza de un prematuro cambio. En tal caso: amigos venezolanos, por lo menos ustedes tendrán el mismo mamarracho. Acá todavía no sabemos. Y lo que es peor: podemos levantarnos un día viendo cómo le colocan la banda presidencial al ministro Juan Manuel Santos. Siempre hay un mal peor, como verán. Nada me sorprende, me sorprende nada.

11 feb 2009

¡Ojo con Uribito!


A riesgo de aumentar su popularidad (porque así pasa con los uribistas que entre más palo les den más suben en las encuestas), voy a referirme al saliente ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, ahora que se lanzó como el primer toro (¿o torito?) al ruedo, como el primer pato (¿o patito?) que se lanza al agua. “Quiero ser Presidente”, anunció Uribito.

Me preocupa sobremanera que llegue a convertirse en realidad el sueño de Uribito (que puede ser también el de Uribe), porque no me quiero imaginar lo que será soportar otros 8 años más (¿o 12 o 16?) a los colombianos hablando con diminutivos de esas “carnitas jovencitas” en esos “huesitos jovencitos”. Porque si su predecesor despertaba comentarios alagueños, ahora sí se van a derretir las señoras uribistas con este pimpolluelo. ¡Y qué mamera!

Hasta hace un tiempo creía que Urbito no tenía ni la menor posibilidad de llegar a la Presidencia. Hoy pienso lo contrario. Tiene muchas. Visto como está tentativamente el abanico de precandidatos para la consulta interna del Partido Conservador (si es que aún existe), Andrés Felipe es a quien veo con más posibilidades de ganar.

El ex Ministro no sólo cuenta con el guiño y empujón del presidente Uribe, sino que muchos miembros vienen buscando un rostro joven que refresque esa imagen anquilosada y vetusta que ha venido tomando ese Partido. Como “supuestamente” intentaron hacer con el hijo de Álvaro Leyva Durán lanzándolo como candidato a la Alcaldía de Bogotá (era el de TransMilenio a $1.000 pesos).

No leo el futuro como el psíquico Armando Marti, pero casi podría apostar –para mi desventura- que Uribito saldrá victorioso de esa consulta interna. Claro, otra cosa será en las elecciones nacionales, pero los sondeos día tras días lo muestran en ascenso, aún más, incluso, que candidatos uribistas que lo doblarían en materia de experiencia.

Lo que no me gusta de Uribito

Yo no discuto para nada su excelente hoja de vida, ni mucho menos su edad. Ser joven no es un pecado ni aquí ni en ningún lado. Son más bien esos sentimientos de madurez prematura y superioridad inmaculada que intenta transmitir, los que me hacen desconfiar de su gestión en caso de ser gobernante. Porque será un prepotente a la hora de escuchar las demandas sociales de la gente y su famoso coeficiente intelectual lo llevará a creer que trata con un pueblo ignorante, al que no tiene porqué consultarle.

Uribito es ambicioso (como todos los niños consentidos) y sus ganas de ser grande lo hacen parecer a veces como los adolescentes que dicen estar suficientemente grandes para “frentear” la vida, porque ya tienen catorce. Y se equivoca Andrés Felipe. Porque gobernar no es administrar la propia vida, sino la de muchos millones. Su otro defecto, quizás más marcado, es que tiene la temperatura tan caliente como Uribe (por eso ambos toman gotas homeopáticas) y en varias ocasiones ha dejado ver que esa temperamental personalidad reduce las posibilidades de un debate.

Cuando salía en defensa como guardia pretoriana del presidente Uribe descalificaba a los opositores con calificativos personales y no con sendos argumentos como uno esperaría de un político que quiere ser gobernante. Lo hizo con miembros del Polo (ese partido que antes significaba una verdadera alternativa hasta que decidieron elegir al doctor Ordoñez como Procurador), también se fue directo a la yugular de la ex ministra Cecilia López y creyó estar por encima de todos aquellos que alertaron la barbaridad que iba a cometer su cartera en el caso Carimagua.

Eso, en resumen, permite vislumbrar que Uribito en la Casa de Nariño será tan intolerante con la oposición y con la prensa, como dio ejemplares muestras su antecesor (si es que en efecto decide dejarle libre la plaza). Y ni qué hablar de la posibilidad de un Acuerdo Humanitario, cuando en las primeras declaraciones sobre el tema asegura que para negociar no despejará “ni un milímetro” de territorio para “esos bandidos” porque, como buen soldado que fue, cree que todos los conflictos se resuelven “a bala”.

Amanecerá y veremos, decía el ciego, amanecerá y veremos si es que nos toca repetir más de esta sopa por cuenta de esta copia rencauchada.

4 feb 2009

EXTRA: Farc y Gobierno llegan a un acuerdo



La idea la venían contemplando desde hace algunos años de manera silenciosa e independiente (la guerrilla en la selva y el Ejecutivo en Palacio) pero todo indica que, finalmente, limaron asperezas y tomaron la decisión en común acuerdo. “Jodamos a los periodistas que nos hacen daño”, parece que dijeron.

El pacto fija una cláusula precisa apropiándose de un dicho viejo que usó Jesucristo: “quien no esté conmigo, está contra mí”. Sin asteriscos, ni pies de página, ni consideración del medio en que trabaje, salvo que el comunicador no genere mucha opinión y su “silenciamiento” resulte innecesario. Sobre todo cuando se busca optimizar las fuerzas.

La información se confirmó a través del soldado William Giovanny Domínguez, liberado el domingo por las Farc, quien trajo el recado de los guerrilleros: “si los periodistas siguen hablando mal del grupo guerrillero los vamos a secuestrar o les vamos a poner bombas”. Eso, en escuetas cifras, significa que casi la totalidad de los periodistas colombianos y extranjeros (no hay distinción de nacionalidad o género) están en latente riesgo. Digo “casi todos” porque hay unos pocos comunicadores en Anncol que por pedido expreso de la misma guerrilla gozarán de inmunidad. El resto –creo- estamos en desacuerdo con las Farc y especialmente con sus métodos.

El Gobierno, por su parte, continuará con los hostigamientos clandestinos, con las interceptaciones telefónicas, las amenazas anónimas y las descalificaciones personales (estas sí pueden ser en privado o en público) si no contra el periodista, se trasladarán a sus familiares y amigos.

Está todo dicho, como sucede en todo conflicto (aunque se insista que acá eso no existe), la primera baja es la verdad y los periodistas somos el objetivo. Ni Gobierno ni guerrilla quieren periodistas, lo que necesitan son voceros.

PD:

-1- Felicito al comité de organizadores de la marcha del 4 de febrero por su aniversario. Sé de miembros de su organización que han tenido que soportar macabras amenazas, al punto de tener que optar por el exilio. Mi solidaridad para que su manera democrática de obrar con convicción no llegue a ser silenciada por la intimidación.

-2- El testimonio del ex gobernador Alan Jara aún me tiene boquiabierto: su lucidez mental, su precisión, su apasionante relato cundido de anécdotas, su humor que colorea los hechos más dramáticos y oscuros, su voluntad, su sencillez, su tarea en la selva, su reflexión profunda… todo. ¡Qué tipazo y sea muy bienvenido!

28 ene 2009

Cuando un secuestrado sale libre…


Uno no sabe qué es peor, si estar secuestrado, o dejar de estarlo. Está próximo a salir otro grupo de secuestrados (confiamos que el domingo), de los inhumanos y precarios campos de concentración que aún mantienen en la selva la guerrilla. Y desde ya me empiezo a preocupar por la suerte que puedan correr esos 6 hombres.

No propiamente porque vaya a ser una operación malograda (aunque uno nunca sabe), sino porque me temo que con esos hombres se va a repetir la misma historia que han vivido aquellos que después de mucho tiempo abrazaron la libertad.

La escena ya nos la sabemos: una recepción eufórica en el aeropuerto, una mano tendida por el Presidente que eleva inmediatamente el opinómetro de su arrogante popularidad, unos teatrales noticieros sensibleros y hambrientos por rasguñar alguna ‘chiva’, y una marcha solidaria por las calles. Todo eso tan humano, tan bueno y tan sincero, como preámbulo para, finalmente, dar el más preciado regalo que sabemos dar los colombianos luego del folclor del momento: una patada en el trasero.

Tenemos encoñada esa manía vergonzosa de ser humanitarios de momento, de cambiar nuestros sentimientos tan fácil como se cambia uno de calzoncillos, y amamos a los secuestrados un día y al siguiente, cuando la intimidad de la selva empieza a ser revelada, los odiamos, los sometemos a las mordaces lenguas de la farándula política y los sentamos en el banquillo de nuestros perversos prejuicios.

La suerte la corrieron Pinchao, de quien decían (decíamos) que era un títere del gobierno; el gracias a Dios hoy Ex – canciller, Fernando Araujo, a quien tildaron (tildamos) de ser un hombre muy bueno pero también muy torpe; Luis Eladio Pérez por salir de la selva como todo un antiuribista, Géchem por salir no tan masacrado como pensábamos y llegar como el más ambicioso y desconsiderado, pelando el cobre ante la pobre Lucy que lo esperó con estoicismo; cayó también en la picota Clara Rojas porque dizque estaba medio loca y se dejó llevar por la carne (que es la misma aquí, allá o acullá, y siente igual tanto en la selva como en el cemento); juicio a Lizcano por impulsar un estímulo para el guerrillero que le puso fin a su secuestro; y diatribas varias contra Íngrid Betancourt por no aprovechar al máximo su poder mediático para sacar al resto y, por el contrario, quedarse esperado un Nobel que no le es merecido.

Y no entiendo por qué ese giro sintomático. Si es que ellos no son dioses, ni héroes ni titanes, son simplemente hombres y mujeres de carne y hueso que se hicieron famosos por el infortunado destino. Entonces no les pidamos nada, por favor, no todos tienen que salir con la bandera de la paz. Respetémosle su intimidad y dejemos que hagan con su vida lo que a bien quieran, mientras nosotros hacemos con la nuestra –ya que no estamos privados de la libertad- una aventura más amena. Eso sí, todos los que salgan se merecen un aplauso del mundo y especialmente de los colombianos.

Que sea pronto que salgan todos. Crucemos las manos, mas no los brazos.

9 dic 2008

NOS MANDARON PARA EL PATIO


Debo reconocer que no sé cómo desarrollar esta nota sin que irremediablemente concluyan que soy un egoísta insensato. Porque la tarea a continuación es una infructuosa defensa que, para muchos, será incomprensible o inane (lo cual no sé qué es peor), pero me siento en la obligación de hacerlo.

Será como defender al Patas, como abogar por la transparencia de José Obdulio, como ser hincha del Real Cartagena (o de Millos o de Santa Fe, el paridero es el mismo), como apostar por la entrada a Harvard de una reina de belleza paisa o como ser por estos días uribista en Nariño. Terriblemente difícil: voy a defender a un asesino. Al matón más noble, al sicario silencioso, al amigo el cigarrillo.

¿A qué cabeza encogida, cicatera, convulsionada, paranoica y exagerada se le ocurrió que podía, a través de artilugios legales, privarnos del libre derecho de asesinarnos, lenta y dulcemente, donde se nos viniera en gana? Privarnos de morir de manera progresiva en nuestra ‘humósfera’ de tabaco (que ya no de hierba), entregados taciturnos al placer de cada fumada y, por sobre todas las cosas, siempre de la manera más inofensiva, porque un fumador ni mata una mosca ni quiebra un plato. ¿Quién con malsano egoísmo decide que para disfrutar su espacio tiene que ocupar el de otro? ¿No cabemos todos acaso? ¿Y no fue para ello que se reglamentaron las dichosas zonas de fumadores?

Salen puritanos a decir entonces que son incluso los ‘no fumadores’ (o fumadores pasivos) quienes resultan más perjudicados por el humo del cigarrillo. Tercos. Si fumáramos todos sería distinto. Cómo no hacen el mismo berrinche por la contaminación ambiental (que me muero de la pena pero no es por culpa del cigarrillo) producida por las industrias y sus desechos, las fumigaciones con veneno y los turistas del mundo que lanzan sus bolsas plásticas al mar para asfixiar tortugas. Ahí sí no se oyen sus bullas sobre la salud personal y colectiva. Ahí sí no.

Que hayan empezado con esta persecución al cigarrillo, debo confesar, me lo he tomado como una afrenta personal, porque apuesto mil a uno que detrás de este acoso están dos tipos de personas que no tolero: los que dicen defender a ultranza el medio ambiente (¡y que de ambiente no tienen absolutamente nada!) y los ex fumadores. Ambos exagerados. Los primeros porque lo obligan a uno a tragarse las uñas con tal de no escupirlas a la calle (porque dizque se demoran en degradarse), y deshojan margaritas mentalmente porque el romanticismo del “me quiere, no me quiere”, sacrificando pétalos, les parece asesino. Y los segundos, porque se creen reconvertidos con derecho a asquear de frente a quienes, según ellos, no nos hemos superado. ¡Qué pereza!

Pero volvamos a lo de la medida tomada en resolución por el ministerio de Protección Social, cuyas consecuencias negativas no son sólo personales, sino también económicas. ¿No pensaron acaso que muchos sitios (bares, discotecas y cafés, por ejemplo) se quedarán vacíos por esta ingenua prohibición que espanta la gente? El día que implantaron la medida entré al café de siempre (que extrañamente estaba solitario) y me escabullí por donde entré apenas vi los letreros prohibitivos. Es que como decía mi abuelita: “tinto sin cigarrillo, sabe a mierda con pitillo”.

Se tiraron de tajo la bohemia, frustraron a los escritores que se inspiraban con su pipa en el café de la esquina, acabaron con los universitarios que dominaban sus nervios con el cigarrillo antes de entrar a un parcial final de cálculo lineal. Qué será ahora de los galanes de bar que se solían acercar a la mesa de una solitaria jovencita con la excusa de encender su cigarrillo, de los acróbatas que se divertían hacían figurines con el humo en la habitación de un hotel, de los responsables bebedores que evitaban salir a fumar al exterior para que no los pateara el sereno… ¡Sin consideración todos pa’ fuera!


PD: Las desgracias se juntan todas. Mi odontóloga me prohibió el cigarrillo por quince días (¡quince días!) hasta terminar el blanqueamiento, que será como borrar el tablero. Es la primera nota que escribo sin pitar un cigarrillo y, bueno, juzguen ustedes la falta de inspiración en este momento.

1 dic 2008

EL NUEVO OCUPANTE DE NARI…



A propósito del rifirrafe manido en el que se convirtió el cuento de la Reelección presidencial y con la alta posibilidad de que ya no sea aprobada para el 2010, hay que empezar a pensar, en serio, quiénes serían los eventuales ocupantes de la Casa de Nari. La gente se pregunta: ¿Si no es Uribe quién? Pues bien, malos hay muchos…

JUAN MANUEL SANTOS: Para muchos es el uribista natural que debería suceder a Uribe, porque representa la continuidad de la mano dura de la política de Seguridad Democrática. Tiene unas excelentes recomendaciones, entre ellas la de Salvatore Mancuso quien aseguró que Santos le propuso al desaparecido jefe de las AUC, Carlos Castaño, derrocar al entonces presidente Ernesto Samper. La misma propuesta se la hizo a la guerrilla. Es el ejemplo de la doctrina de Maquiavelo que reza que “el fin justifica los medios”, por eso no escatima esfuerzos en hacer notar su carencia de escrúpulos al montar cuantos ‘falsos positivos’ sean necesarios para demostrar su diligencia. Con él las relaciones con Venezuela están aseguradas pues Chávez no lo baja de “cobarde, títere y arrastrado del imperio”, además de acusarlo de fraguar con la oposición venezolana un golpe a su gobierno.
Observación 1: Tiene al diario El Tiempo en el bolsillo.
Observación 2: A mí me da miedo.


LUCHO GARZÓN: Su paso por la alcaldía de Bogotá dejó una sensación extraña: la mitad de los ciudadanos lo adoran porque dio alimentación y educación; la otra mitad lo odia argumentando que Lucho descuidó el mejoramiento estético que venía consiguiendo la ciudad. No esperemos que, de llegar a Presidente, construya más vías que Andrés Uriel Gallego… ¡Ups, perdón!, corrijo: Andrés Uriel no terminó ninguna.
De otro lado, su pasado sindicalista podría facilitar una disposición de Obama a firmar el TLC, pero seguramente bajo otras condiciones. Tiene el perfil para negociar con la guerrilla, sin que sea a punta de plomo.
Observación 1: No tiene primera dama oficial.
Observación 2: Los que comen 3 veces al día no lo quieren, por lo general.


GERMÁN VARGAS LLERAS: Ostenta uno de los títulos más desafortunados del país: es uno de los políticos más amenazados y ha sido objeto de varios atentados, uno de los cuales le quitó un dedo de la mano. Aún no se lo han devuelto. Desde que llegó de España, luego de un curso intensivo de 3 meses, ha empezado una campaña a lo largo del país para tantear terreno. Si yo fuera uribista, debo confesar, sería mi candidato, pero como no lo soy... El doctor Vargas Lleras es un experto en conseguir buenos puestos para sus copartidarios y dicen que para suplir las dos falanges faltantes siempre tiene un cigarrillo que hace las veces de dedillo. (Perdonen, este ha sido un muy cruel comentario)
Observación 1: Acopio de ceniceros en la Casa de Nari.
Observación 2: Es más volteado que Laiza (políticamente, quise decir).


RAFAEL PARDO: Es como un manatí: si uno lo ve en televisión uno lo reconoce, pero uno nunca se acuerda cómo es que se llama. Sin embargo ha sido un político juicioso a pesar de las acusaciones que le hicieron Santos (el maquiavélico) y Uribe para enlodarlo relacionándolo con las Farc. Por primera vez rectificaron. No sé, lo veo más de Canciller que como Presidente, aunque su hoja de vida es envidiable.
Observación 1: No se confundan, no es el director de la revista Cambio. Ese es Rodrigo Pardo.
Observación 2: Su timidez transmite la idea de que estaríamos desamparados.


CARLOS HOLGUÍN SARDI: ZZZZzzzzzzz!!!
Observación 1: Ninguna.
Observación 2: Que ninguna, gracias.


NOEMÍ SANÍN: Siempre es una ilusión que una mujer llegue a refrescar el machista panorama nacional de nuestra política. Pero Noemí anda tan desconectada del país desde hace tanto tiempo, por andar en sus labores como embajadora en España y Reino Unido, que mejor servirle a la patria desde afuera, porque realmente es una excelente publicista de nuestro país.
Observación 1: Se ha quemado dos veces como candidata a la presidencia.
Observación 2: Durante la toma del Palacio de Justicia ordenó transmitir un partido de fútbol en vez de los fatídicos hechos. Lo dicho: como publicista excelente.


DAVID MURCIA GUZMÁN: De Mala Gana lo pongo porque algunos lo empiezan a incluir en el sonajero. Quienes lo postulen, debo decir, serían De-Masiado-Güevones.
Observación 1: No le crean lo que diga.
Observación 2: No sería justo con nosotros tener Presidente más feo que Bolivia.


GUSTAVO PETRO: Arrastra un lastre tras su espalda por haber sido guerrillero del M-19, que estaría lejos de alcanzar la Presidencia. Por un buen tiempo, por lo menos. No lo imagino de otra manera que como opositor, buen opositor.
Observación 1: Cuando saque a la luz un tema escabroso que implique al gobierno… créanle.
Observación 2: Si algún día le pasa algo, ya pueden imaginarse el culpable.


ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ: Al ex fiscal es agradable escucharlo en ‘Hora 20’, pero infortunadamente (¿o afortunadamente?) jamás llegará a ser Presidente.
Observación 1: Es un viejito lo más de buena gente.
Observación 2: (Que el lector se imagine una pompa de heno en mi mente).


SERGIO FAJARDO: De la dinastía de los paisas que ya no capan pódium de popularidad, Fajardo dejó demostrado en la alcaldía de Medellín que no sólo fue el mejor alcalde del país, sino uno de los mejores de Latinoamérica. No sabe un pito de política (de esa tradicional de roscas y leguleyos, por lo menos) lo cual lo hace el menos contaminado, aunque también el menos preparado.
Observación 1: Parece el más honesto.
Observación 2: Qué le puedo hacer… es mi candidato.



Hagan sus apuestas...

23 nov 2008

LA POSICIÓN DE LA CÁMARA


Una vez me dijo un periodista de El Tiempo que “la Historia depende mucho de la posición en que se ubica la cámara para registrar los hechos”. Tenía toda la razón. El 12 de octubre de 1492 la cámara venía empotrada en las carabelas de Colón que se aproximaban a esta tierra para ellos desconocida. Este grupo de conquistadores arribaban con el presupuesto de que llegaban a ‘iluminar, civilizar, evangelizar y culturalizar’ a un montón de aborígenes anónimos del mundo.

Otra cosa hubiera sido si la cámara hubiera estado en la posición de aquella América: unos hombrecillos suntuosos con apariencia de caricatura, medias hasta las canillas, vestimenta colorida y pelucas de señora, desembarcaban con la intención arribista de llevarse todo cuanto fuera considerado una riqueza para los indígenas. Así no está consignado en los libros, obviamente, porque la cámara venía filmando desde España.

Algo parecido vuelve a suceder con los indígenas. Esta vez las víctimas olvidadas son los casi 20.000 indígenas que partieron hace más de un mes desde Cauca hasta la Capital y que, con un pedido sensato y elemental, algunos renuentes capataces insisten en considerar una exigencia exagerada: tierras productivas. ¿Por qué si es un suceso de admirable tesón y enciende una alarma social tan apremiante pasa desapercibido? Porque no está la cámara.

La única señal de que llegaron a Bogotá se constata cuando uno avanza por la Calle 26 y empieza a percatarse de los numerosos graffitis que dan la bienvenida a la Minga. Minga que, por cierto, se ha movilizado desamparada y han sido apenas unos pocos, poquísimos, los que se han solidarizado con ella brindándole un lugar para pasar la noche o una modesta merienda. Porque la Minga no mendiga.

La cámara está registrando la noticia efervescente del momento (porque para el Gobierno es preciso que así sea) y se olvidaron –una y otra vez- de nuestros indígenas. La cámara está maravillada con las filas de ahorradores de DMG a quienes se les acabó la dicha y con las excentricidades de ‘traqueto’ de David Murcia, el nuevo Pablo, el nuevo Mesías.

Otra cosa fue cuando la cámara se le salió de las manos al Gobierno y la tomó un acucioso periodista internacional para registrar a un policía disparando a los indígenas. Ahí sí hubo que salir a dar explicaciones, ahí sí hubo que reconocer que fueron objeto de violaciones desmedidas por parte de las autoridades y ahí sí hubo que tomar en serio el interés que despiertan los indígenas ante la comunidad internacional. Si la cámara la hubiera mantenido el oficialismo no hubiéramos visto más que un grupo de indígenas “infiltrados por el terrorismo”.

Hago esta observación para que lo espectacular se subordine a lo importante y a lo urgente, para que la cámara no esté donde quieren algunos que veamos, sino donde debe estar para registrar la Historia de una manera medianamente decente. Y lo digo con malestar: tristemente, a través de la cámara, es por donde estamos mirando.