25 ago. 2010

Es tiempo de madurar



Como Juan Manuel Santos no se digna aún a dar papaya –no tanta, al menos, como la que esperábamos sus críticos-, pues toca hablar de quienes sí la están dando. Hablemos entonces de una papaya puesta, casi partida, pero que como todavía está verde, biche, uno sabe a lo que sabe, ni los que la están dando dan muestra de saberlo. Me refiero, por supuesto, al Partido Verde, pues me está decepcionando. Y esto lo digo, honestamente, con el mango en la mano, ya que hablamos en términos de fruticas.

Un partido que despertó el ánimo de tantos jóvenes e intelectuales no puede salir con un chorro de babas por andar, a estas alturas, definiendo si lo dirigirán entre 5 gatos, entre 15 o entre 25.

Pocas veces -de hecho nunca- me había logrado identificar plenamente con un partido político. Y lo hice con el Verde por la calidad de sus integrantes, sus rupturas con la politiquería, cierta visión compartida y hasta puede que también por el nombre ecológico y la pendeja florecita. Hoy quiero pensar que no fue flor de un día, aunque pareciera.


Han hecho dispersar el entusiasmo de la gente y parecen no tener todavía definido el norte de sus posiciones. Siendo el ala independiente no mostró contundencia en sus declaraciones frente a la elección de Sandra Morelli como Contralora, que por muy admirable hoja de vida que tenga, anunció que pagará el favor de su escogencia con puestos. Tampoco se manifiesta vehemente frente a la conformación de los magistrados del Consejo Nacional Electoral donde se quedará sin voz, sin voto y sin silla.

El Partido Verde, como que anda en otra cosa. Solucionando su logística interna y tratando de ponerse de acuerdo con Sergio Fajardo, con quien no saben si pueden contar todavía. Fajardo no puede estar con un pie adentro y otro afuera (y conste que no me estoy burlando de su discapacidad). El ex alcalde debe entender que la alternativa por legitimidad –al menos electoralmente- la ganó el Partido Verde y no Compromiso Ciudadano. Punto.

Por otro lado, no le queda bien a la colectividad irse lanza en ristre contra la administración distrital de Samy Moreno (cuyas críticas se las merece todas), con la única intención de volver a montar a Enrique Peñalosa como alcalde de Bogotá. Mucho menos andar pensando solamente en la representación de los miembros del partido a nivel regional y local para los próximos comicios, cuando ni siquiera sabemos cuáles son los programas que identifican al partido (y cuando hablo del “partido”, aclaro, no me refiero tampoco a Fajardo).

Lo que tienen que hacer es empezar a traducir las propuestas que filtraron en la campaña en tareas programáticas, en documentos (tal cual hicieron con el proyecto de reforma electoral propuesto por el senador John Sudarsky) y decidir de una vez por todas quién toma el liderazgo del partido.

Deben tomar forma especialmente ahora que, supuestamente, están dadas las condiciones para hacer oposición sin los estigmas de antes, cuando el entonces Presidente (olvidé su nombre, disculpen) trataba a cualquier contradictor como guerrillero. En circunstancias así tiene que hacer valer su “argumento va, argumento viene”. Pero prontico.

El tiempo apremia. Mockus debe ponerse de acuerdo con el partido (ahora sí hablo de Fajardo) y con los demás líderes de la colectividad. Pero, además, volver a conectarse con ese gran movimiento ciudadano que le entregó su respaldo en campaña y que hoy se está alejando. Mejor dicho: ya es hora que madure el Verde o pasará al olvido.

PD: Este blog sigue en construcción. Perdonen la estética tan maluca.

11 ago. 2010

Suerte es que le digo



Feliz día de la independencia, pareció sugerir Juan Manuel Santos, al referirse a su predecesor Álvaro Uribe Vélez como el “segundo libertador, después de Simón Bolívar”. Y en el aniversario del bicentenario no podía ser más oportuno. Ido Uribe, periodistas, magistrados, opositores, sindicalistas, librepensadores, volvemos a sentirnos libres, fuera del estigma maniqueo y sí, un poquitiiico más independientes, Profesor. Uribe, al irse, nos libertó.

Que sí, que también hizo cositas buenas, ya sabemos y suficiente nos lo han refregado en las narices, pero hizo otras tantas muy vergonzosas donde la historia deberá aplicar justicia. En fin, el caso es que se va, o se fue. Es que todavía no me lo creo. Acostumbrarme a ver a Santos como anfitrión de Palacio no será sencillo, aunque confieso que ver allí a su hija Maria Antonia en minifaldas es más atractivo que ver a Tomás y Jerónimo Uribe mostrando sus mochilas.

Llega también Tutina, con un poquito más de botox que su marido y tantico menos sencillez que la querida Lina. Pero para Lina también habrá un puesto interesante -cuando Uribe decida lanzarse a la Alcaldía de Bogotá-, reemplazando las gestiones de la hoy primera dama de la capital. Iván Moreno Rojas, creo que se llama.
Una nueva era, todo indica. Menos confrontaciones, ojalá menos chuzadas, menos ruana y más corbata diplomática, más trabajo, más trabajo, mejor pagado, mejor pagado, dizque sí. Y aún si Juan Manuel no es Santos de mi devoción y en notas anteriores he manifestado mi desacuerdo con él y sus métodos, debo reconocer que todas sus últimas acciones apuntan en la vía correcta.

La selección de un excelente gabinete ministerial, lo primero. La decisión de bajar la temperatura en las relaciones con nuestros vecinos en tan solo dos días, lo segundo. Y comprometerse a respetar las altas Cortes, lo tercero. Síntomas que, para ser franco, no creí que Santos lograra manifestar en tan poco tiempo.
Si va a mantenerme con la boca cerrada, bien por todos. Suerte para su gobierno. Pero el optimismo tampoco deberá hacernos olvidar sus antecedentes pícaros. Ojalá y nos sorprenda. Mientras tanto celebramos la dicha patria de estar sin Uribe.

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Paraguas: Como empieza un nuevo gobierno, también he querido sacudirme y renovarme. Se vienen cambios en el Blog y un grupo donde podrán estar enterados de los nuevos post y comentarios. Espero que nos podamos ver allí cada 15 días, como dice el viejo: “Si Dios me la presta”. Ahí les dejo ese trompo y espero tener todo esto muy pronto. Excusen las temporadas de ausente.

Saludos.

17 jun. 2010

El peor día de mi vida, estoy Emo


Me siento mal, terrible. Como nunca antes. Me pasé toda la noche llorando, acurrucado en una esquina del cuarto, los codos sobre las rodillas, las manos trenzadas sobre la coronilla y la cabeza gacha, enterrada. Hecho una mierda. Quisiera decir que es a causa de las elecciones del domingo, que de antemano preveo serán un desastre y la indignación me durará 4 años, u 8, quién lo sabe. Pero no, no es eso lo que me tiene tan mal. Incluso, creo que de esa pérdida electoral lograré recuperarme (o acostumbrarme, que viene siendo lo mismo) y seguir con mi vida hacia adelante.

Lo que me está sucediendo, y empezó apenas ayer, es algo muchísimo más grave. Cuál grave: ¡gravísimo! Ya llamé al doctor Williams (quien me hizo una inútil regresión para dejar el cigarrillo y el alcohol en 2 horas, de eso ya hace 3 meses de guayabos), le escribí al parapsicólogo Armando Martí (el guía ese medio chimbo que asesoró al ex fiscal Iguarán), busqué en las páginas amarillas en la sección de psiquiatras, pedí cita con el Taita Floro para una toma intensiva de yagé y hasta llamé al profesor Salomón, pero en esa línea nadie me contesta, nadie. Embustero Salomón, falso, me abandonas en mi peor momento emo.

El caso es que nadie me da respuesta. Les escribo a ustedes porque ya no sé qué más hacer, a quién acudir y hasta puede que con ustedes encuentre la luz que necesito para salir de estas tinieblas. Señores, señoras, señoritas: AYER ESTUVE DE ACUERDO CON URIBE. Sí, aterrador, yo sé, apocalíptico. Deben condenarme por fariseo, quemarme por faltón, he vendido mis principios y mi cabeza no soporta tal contradicción.

Dijo Uribe que César Gaviria era un “oportunista” y un “miserable”. Y sí, le atañe toda la razón, aunque me siento incómodo asintiendo. También le dijo que era un “canalla y un cobarde”. Y sí, también le doy toda la razón. Criticó su pésimo gobierno; y es que quién no. Claro, le faltó decirle que hablaba con voz de helio, que era un tonto, un tontín, un mariquita y un remedo de bobalicón. Pero esto último no lo dijo él, lo digo yo. Es que palabras tan duras sonarían muy mal en boca de un presidente como Uribe tan centrado y tan decente. Eso no.

Haber coincidido con Uribe, repito, me está haciendo daño, aunque ustedes no alcancen a imaginarse cuánto. Y como si fuera poco este calvario, viene Gaviria a responderle que “su gobierno (el de Uribe) era un verdadero asco”. ¡Dios mío, sálvame! No puedo soportar estar de acuerdo, al mismo tiempo, con dos cafres tan opuestos, dos bribones en orillas contrarias. Me estoy enloqueciendo. Mi mamá, que es uribista, aconseja internarme. Mi papá, que es santista, contrató unos primos para golpearme y se me quite la bobada. Nadie me entiende.

Uribe no se puede ir de este gobierno coincidiendo conmigo en algo, aunque sea algo mínimo. Debe irse usando su maquinaria para posicionar a Santos, completamente ungido al cuidado de sus huevitos. Irse, en resumen, despertando todas mis diatribas y maldiciones. Porque a eso me acostumbró: a malquererlo y no respetarlo. Y no como ahorita, al borde de su despedida, generando conmigo esa empatía que significa atacar a Gaviria. Uribe malo, pao-pao-pao.

Si ya todos sabíamos que Gaviria iba ser un oportunista hincándose a los pies (o garras, eso no sé) de Santos, para recibir parte de la tajada estatal y además montar a su hijo Simón Gaviria (otra frustración en mis afectos, junto con Vargas Lleras) como presidente de la Cámara, pues Uribe para qué se pone, como dice López: deje así…. usted no es quién, señor Presidente, para ser vocero de mis opiniones.

Y Gaviria, para rematar, resume en su voz de vuvuzela desafinada lo que siempre consideré era el gobierno de Uribe: “un asco”. A mí que no me confundan, necesito tener plenamente identificados a mis contrarios. Por eso ruego encarecidamente a todos que voten este domingo por Juan Manuel Santos, necesito salir de esta confusión y entre más eficientemente logre focalizar mi veneno, más pronto llegará mi recuperación. ¡Help me! O les juro que me mato.

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26 may. 2010

Me dejé seducir el voto



Gracias a Gustavo Petro he decidido finalmente mi voto, a riesgo de incomodar a algunos lectores. No me importa. Y no, tampoco es que vaya a votar por Petro.

Digo que gracias a él porque lo escuché repitiendo una máxima francesa que afirma: “En la primera vuelta vote por el mejor. En la segunda, contra el peor”. Fue como ver la luz en medio de una incertidumbre difusa y resbalosa.

Pues bien, dado que he sido aprendiz de marketing político y comprendo que las campañas políticas sirven, fundamentalmente, para seducir o terminar de coquetear al electorado con la figura del candidato, yo, que soy una muchacha fácil, me dejé convencer. Y lo peor: me dejé cautivar por alguien que grita, que fuma como presa, sólo cuenta hasta siete, es claramente un perfecto burócrata y con quien siempre he tenido reservados reparos. Soy una fácil. ¡Y qué!

Lo que pasa es que demostró en medio de esta contienda electoral que es una persona consecuente, preparada y con una plataforma programática coherente. Tantas veces hablando de la dignidad del voto, no me podía dejar llevar simplemente por el contagio que me produjo ver el color de mi equipo en todos lados (verde siempre), sin hacer juiciosa la tarea de escrutar los programas.

Para ser honesto, Mockus al comienzo me gustó. Y convencer a esta cualquiera es aún más fácil si me dan un girasol, pero luego, catrasca-tras-catrasca, me desencantó. Sigo creyendo que la talla la ha tenido más Fajardo, pero eso ya no importa. Tampoco puedo dejar de felicitar la campaña Verde que se comportó con asombrosa altura y su iniciativa y decencia siguen siendo contagiosas.

Así las cosas, paso a anunciar: votaré por Vargas. Premiando un candidato que mostró dignidad desde el primer momento en que quisieron las huestes uribistas perpetuar a Uribe, sin lambonear se fue abriendo su propio espacio y decidió recorrer el país para ir construyendo el mejor programa de Gobierno. Premiando también la misma dignidad con que le responde a Uribe que más que proteger los huevitos que dejó como gallina culeca, hay que cambiar el gallo de los falsos positivos, del Agro Ingreso Seguro, de las chuzadas y toda esa vaina que estamos cansados de repetir. Un tipo parado, pues.

Y a pesar de mis dudas sobre su conocida actitud clientelista, el anuncio de quiénes conformarían su Gobierno en un eventual triunfo, me apaciguó la perspicacia.

Claro, es muy probable que no gane, según las encuestas. Pero creo que dormiré tranquilo después de haber depositado el voto. Habré votado por quien me convenció que era el mejor. Ya en la segunda vuelta, sobraría decirlo, votaré por Mockus. Hay cosas muy obvias, como tener que decir que Juan Manuel Santos es el peor candidato. Hasta una sucia como yo lo sabe.

Feliz jornada de elecciones

http://www.facebook.com/jota.ochoa

12 may. 2010

Expediente JJ: el medio es el mensaje


Mi indeseable Tocayo Tocayo Rendón ha causado tal conmoción en el país en las últimas semanas, debido a su vinculación a la campaña de Juan Manuel Santos, que pareciera que fuera más importante él que el mismo candidato. Acusan a JJ. de perverso –y sí que lo es-, pero subestiman también la malicia autónoma que le es propia al ex ministro Santos, quien ha demostrado que puede actuar deshonrosamente estando o no asesorado.

Lo de ellos, puede decirse, es un matrimonio complementario. Rendón es la punta de lanza perfecta para un hombre que sabe empuñarla. Y en unas elecciones que hasta hace muy poco parecían decentes, sin propuestas valiosas pero por lo menos hechas con altura, pues ya empezó esta dupla siniestra a desordenar la casa y a cometer sus diabluras.

Algunas, incluso, con una arrogancia absoluta, como esa de tratar a los ciudadanos como idiotas. Según ellos, nuestra ingenuidad no distingue entre Kini, Lalo y Carlos Donoso. Debo confesar, sin embargo, que la primera vez que escuché esa bufa imitación de Uribe invitando a votar por Santos, creí que era el ex ministro Andrés Felipe Arias quien había mejorado su número de arremedetas y ya le había sacado la voz a Uribe después de varios intentos.

Creo que hasta a los uribistas esa maniobra les debió parecer patética. Pero no, por el contrario, sale JJ. a decir que “hay que tener buen sentido del humor”, como si estuviéramos oyendo la Luciérnaga y no una campaña electoral para elegir al jefe de Estado. ¡Qué bajeza de por Dios!

Pero para eso está mi doble Tocayo: para utilizar cuanto método sea necesario –y legitimándolo de soslayo (como hacer que participe Uribe sin que en carne participe)- con tal de que Juan Manuel reciba un poco de la popularidad con que cuenta el mandatario.

En cambio, en los otros candidatos la participación del asesor casi ni se nota. Si Mockus tuviera un asesor, uno bueno, ante los medios de comunicación no patinaría de manera tan torpe y dejaría de responder preguntas sin importancia. Hasta estaría haciendo ejercicios de vocalización intentando hablar mordiendo un lapicero, para suprimir ese desesperante tartamudeo.

Lo cierto es que, al pedirle auxilio a Rendón, queda en evidencia que para Santos llegar a la Presidencia es un fin que justifica cualquier medio, incluso usando las mañas de su polémico Goebbels. Y con esos medios (parafraseando a McLuhan) resulta también muy claro el mensaje: en un gobierno de Juan Manuel Santos las garantías no son prioritarias cuando el objetivo es vencer al contrario. Toque como toque.


Jota Ochoa en Facebook

20 abr. 2010

Ese caballo discapacitado


En esos términos calificó Uribe a quien –según su juicio- no podría encargarse de darle continuidad a su famosa Seguridad Democrática. Uno supone que se refiere a Mockus, obvio, convertido ahora en su enemigo político y reducido al término discriminante no sólo de “caballo”, sino de uno discapacitado, porque le tiemblan tantico los cascos y hace inestable el apero.

Así uno lee el comentario del mandatario, pero pues quién lo asegura. Es que ahora al Presidente le ha dado por hablar más raro y enredado que al propio Mockus, experto en lenguaje de enigmas. Genio de la metáfora y chalán renombrado, Uribe señala entre líneas que sólo su brioso caballo de ojitos arrugados, y marca de hierro en forma de U estampada en las ancas, puede hacerse a su legado guerrero.

¿Por qué lo hace?, se preguntan las vacas. Estupefactas murmuran que es una intrépida intervención en política. Pero eso es bulla, eso es nada, en esta finca jamás pasa nada más allá del rezongue y la pulla. Y el único capataz licenciado para ajustar las amarras a ese hocico incorrecto, locuaz y atrevido, se limita a pastarle el camino y de vez en vez a ordeñar sus contrarios como es menester de su Alejandro apellido.

Ay de mi bien y de cómo son las cosas en esta república ubérrima. Yo hasta creí que nuestro campeche de marras había enderezado su paso de potrillo fino, y no iba terminar su gobierno lanzando patadas a diestra, siniestra y a la verdolaga siniestra que muestra el fundillo.

Mal hará en continuar con su baba lasciva. Ese caballo al que tilda de “discapacitado”, va con la rienda suelta y todo me indica que va desbocado hacia arriba.

14 abr. 2010

Huele a limpio, huele verde


“Huele a limpio. Como que oxigena”, empiezan a decir a todas horas, por todas partes y gentes distintas, incluso aquellas renuentes que jamás accedían a hablar conmigo de política porque sencillamente les parecía un tema vomitivo. Y es que en medio de nuestra rutina clientelista, plagada de tanta corruptela, cacicazgo y partidos ‘tradicionales’ (lo que debería ser considerado un mérito y no un adjetivo descalificador), pues la presencia de Mockus en la campaña por la presidencia resulta casi-casi como la de un pesticida en un enjambre de plagas, un desinfectante a base de girasol, un tarro de Clorox con empaque de Cresopinol.

Concuerdo con esas voces y me alegra encontrar ese ambiente inspirador. Pero no quiero tampoco sumarme al mesianismo virtual que sugiere que con Mockus lo conseguiremos todo, saneará todas las deudas, desarticulará las mafias y dará cobertura educativa para todos. Eso tampoco, aunque seguramente habrán avances en ese sentido.

Creo en cambio, eso sí, que con él empezaremos al fin una transformación con la que estamos en mora los colombianos: la cultura de la legalidad. Sé, por ejemplo, que es capaz de desmitificar aquel perjudicial tabú de que nuestra ‘malicia indígena’ es un atributo y no un peligroso detonante para cruzar la línea del delito. Sé también que, a muchos, les quitará de la cabeza que el “ser varón y ser machito” es el método para saldar discusiones. Sé que, además, no es un personalista ególatra sino que se sabe rodear de excelentes equipos de trabajo, lo que quiere decir que iríamos hacia un gobierno colectivo –de expertos- y no de meras cuotas burocráticas. Adiós a los Andrés Uriel, nunca más un Valencia Cossio y chao pescao a los Diego Palacio.

Por eso yo también digo que “huele a limpio y como que oxigena” y hasta da una luz de esperanza, cuando después de las elecciones parlamentarias creí que ya todo estaba perdido. La desinflada de Sergio Fajardo y su posterior renuncia (a su vanidad y a su candidatura) para al fin unirse a los verdes, reforzó el grupo de independientes para hoy verlos como una opción real de poder. Valiosa unión, sobra decirlo, pues el caudal de intención de voto aumentó, se sumaron esfuerzos y la imagen de partido “transparente” se solidificó, mientras las otras colectividades se van desmembrando por disputas y razones que ya de sobra conocemos.

En buena medida creo que por eso el papel de Fajardo no se puede reducir al de Vicepresidente (por lo menos no con las funciones distantes que tuvo Pachito), sino que debe tener una incidencia en las decisiones internas del país o incluso quedar a cargo de un ministerio de trascendencia. Sería justo que así fuera no porque él haya contribuido con votos (pues de esa maña justamente estamos hastiados: “tantos votos, tantos puestos”) sino porque su hoja de vida y méritos no ameritan desaprovecharlo. Gracias a él hoy la campaña no es de un candidato y su fórmula vicepresidencial, sino de dos candidatos de talla mayor.

Ahora hay que empezar a concentrar los esfuerzos en realizar planes ejecutables, entendibles y aterrizados, que resuelvan temas urgentes a los que hay que meterles el diente: desempleo, seguridad urbana, pobreza, infraestructura, etc. Yo doy por descontado la lucha de Mockus contra la corrupción -pues le es inherente, así como de Uribe se esperaba su contundencia contra las Farc-, luego superadas las obviedades quiero demandarle también por el resto, aquellos puntos donde no ha habido un suficiente despliegue de información.

Mientras parece no haber alcanzado todavía su techo de popularidad en las encuestas, y además no ha tenido que desangrarse en hacer campaña -pues en gran parte la están haciendo los mismos ciudadanos que hemos decidido apoyarlo-, mejor concentrar sus energías en traducirnos sus propuestas en un lenguaje sencillo y contundente, para que nos termine de convencer del todo, y a todos. Para un pastuso que no haya vivido en la capital durante su periodo como alcalde, su manera de hacer política puede resultar ambigua o incoherente. Nosotros que vimos la transformación de Bogotá sabemos y confiamos en sus efectos, pero no se puede suponer lo mismo del resto de colombianos. Propuestas claras y llanas, maestro, como decía un amigo: “con el lenguaje del pueblo”.

Por las demás campañas muy poco tendrá que preocuparse, profesor Mockus. Entre ellas mismas se hacen haraquiri y la guerra sucia contra usted, como intentaron hacerlo destapando su incipiente Parkinson, se traduce, por el contrario, en un solidario y merecido respaldo. No se sorprenda si sugieren que usted consume hierba (por aquello de la onda verde), que será el candidato de Chavez (a quien no le caería mal un poquito de agua en cara marica) o le exigen una prueba de Elisa (por aquello de pelar el trasero, por aquello de la zanahoria fálica).

El ataque es síntoma de que empieza a oler limpio, que empieza a oler a bueno.